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viernes, 3 de diciembre de 2010

Teoría de Cuerdas : Once dimensiones










El cerebro humano no está preparado para comprender más de cuatro dimensiones, que no son más que las cuatro a las que estamos habituados, las cuatro con las que podemos interactuar o que podemos percibir. Tres de ellas forman el espacio tridimensional que percibimos, y otra el tiempo, dimensión que, por otra parte, no otorga un grado de libertad añadido, sino que presenta una dinámica inalterable de tal forma que no es más que un fluir del futuro al pasado, siendo el punto separador el individuo, lo que llamamos presente.

Así, cuando el tiempo futuro fluye hacia el pasado coincidiendo con nosotros en un instante infinitamente pequeño –llamado diferencial de tiempo-, queda relegado al por nosotros llamado pasado, que es aquella sucesión de tiempo que podemos recordar. Caprichosamente, como ya he dicho, el tiempo es una dimensión que no permite un movimiento libre, aunque sí sufre efectos de estiramiento y ralentización, como enunció Einstein en la Teoría de la Relatividad Restringida.

¿Y el resto de las dimensiones? Lo cierto es que no hay una, sino muchas respuestas. Existen teorías que afirman que en total hay cinco, siete, diez, o trece dimensiones. Sin embargo, en el entorno de la Teoría de Cuerdas, es necesaria la existencia de, por lo menos, once de ellas.

Seis se obtendrían de pliegues en el espacio-tiempo, de tal forma que, quizás, en lo que para nosotros aparentemente es una dimensión, una línea, para un observador mucho más pequeño pueda tratarse de una realidad bidimensional que envuelve a esta única dimensión aparente. Una forma de aproximar este concepto muy usada por los físicos expertos en esta materia, es la idea de pensar en un cable visto desde lejos. Aparentemente es una línea, en la que puedes moverte hacia adelante y atrás. Pero para un observador mucho más pequeño que esté sobre el cable, como por ejemplo un insecto, se trata de una realidad de dos dimensiones, por la que pueden moverse de adelante a atrás y, además, en una dirección angular positiva o negativa, es decir, a lo largo de las circunferencias que forman el cilindro . De esta forma, podríamos decir, cada punto del espacio está formado por seis dimensiones envolventes, de tal forma que unas se envuelven a otras.

La necesidad de una undécima dimensión nació a partir de un famoso discurso que se celebró en la Universidad del Sur de California en el año 1995, enunciado por Edward Witten, uno de los más brillantes físicos vivos. En ella, se unificaron las cinco teorías en las que se había derivado en la búsqueda de una teoría única. Para que dicha dimensión pueda definirse, es necesario aceptar algo que más se acerca a la ciencia ficción que a la física, y es que precisa de la existencia de infinitos universos paralelos.

Cada uno de estos universos está contenido en una membrana de diez dimensiones, y dispuesta de forma paralela, de tal forma que el conjunto de todos esos universos forma una realidad mayor que los expertos llaman Bulk, o Grueso, y que hace que todo ese conjunto disponga de una dimensión más: la undécima. Un ejemplo a modo de aproximación conceptual podría consistir en pensar en cada universo como una rebanada de pan de molde, que tiene dos dimensiones, de tal forma que el conjunto de rebanadas, la barra, tenga tres dimensiones.

Algunos afirman que estas membranas también vibran, y que, en ocasiones, chocan entre ellas, produciendo enormes estallidos de energía que podrían ser lo que nosotros llamamos El Big Bang, y no puede descartarse que no sea único, sino que se produzca periódicamente. El problema de no poder comprobar las teorías con experimentos es que no podemos hablar de ciencia, sino de filosofía.

Podríamos decir que, además de las tres dimensiones de tamaño medio –las que podemos observar- y el tiempo, existen seis de tamaño menor, las envolventes, y una de tamaño mayor. Nuestro cerebro sólo estaría capacitado para comprender o percibir, además del tiempo, las tres dimensiones medianas, de tal forma que el resto de ellas ni las percibimos, ni las podemos comprender.

El ser humano, al hablar de dimensiones extra, tiende a hacer esto que he expuesto: reducir el problema de comprensión a una visión completamente tridimensional. Es por ello por lo que, con estas explicaciones se puede tener una leve idea de cómo funciona, o en qué consisten los pliegues del Universo o la disposición paralela de infinitos universos en forma de membrana, pero se deben entender dichas dimensiones extra, no de forma literal y exacta, sino como una forma de aproximar el concepto que se pretende alcanzar: la comprensión de más de cuatro dimensiones.

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