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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Un científico dominicano poco conocido

Los dominicanos generalmente damos poca importancia a nuestros hombres de ciencia, quizás por la creencia de muchos de que el país no ha tenido ni tiene científicos. Se trata de un grave error, pues sí los ha habido y los hay; lo que pasa es que casi siempre las mentes brillantes suelen escudarse en la humildad, sin alardes, algo propio de los genios.

En esta ocasión nos referimos al agrimensor, médico, botánico y alpinista que fue el doctor Miguel Canela Lázaro, nativo de Santiago, quien durante su permanencia en París, a partir de 1928, fue el descubridor del “ligamento superficial íleo-articular del ligamento sacro-ilíaco posterior”, que hoy día lleva el nombre de Hakim-Canela. Pero, además, este científico dominicano descubrió en el pie del ser humano lo que actualmente los médicos conocen como “ligamento peroneano-astrágalo-calcáneo”, descrito con el nombre de Rouviere-Canela. Rouviere era su profesor. El doctor Canela solo aceptó que el ligamento llevara su nombre si su maestro aprobaba incluir el suyo. Tal era su modestia.

El descubrimiento del ligamento en el pie creó gran euforia entre la clase médica mundial, hasta el punto que el doctor Canela Lázaro recibió el encargo de la Escuela de Medicina y del Departamento de Anatomía de la Universidad de la Sorbona, de comprobar la veracidad, importancia y relevancia de trabajos efectuados por anatomistas alemanes en las cadenas linfáticas y conexiones ganglionares del útero y ovarios. El propio doctor Rouviere escogió al dominicano para confirmar si era posible mejorar el trabajo de los germanos. Con ese motivo, viajó a Berlín, donde presentó su minucioso estudio que sorprendió y causó impacto no solo porque comprobó lo expuesto por los alemanes “sino que dejó demostrado que las conexiones linfáticas iban más allá de donde los alemanes sospechaban”.

El Gobierno de Francia le ofreció a este sabio dominicano el título de “Hombre de Ciencia”, pero lo rechazó porque tendría que renunciar a la nacionalidad dominicana, algo que nunca tuvo en sus planes.

La vida y obra del doctor Canela Lázaro está descrita en un libro de 273 páginas que escribió ese maestro de la psiquiatría dominicana, el padre de ella si se quiere, nuestro inolvidable amigo Antonio Zaglul, Toñito, (1920-1996), quien demás fue diplomático y autor del libro Mis 500 locos, que describe la vida del manicomio de Nigua que llegó a dirigir. En realidad, eran 503, pero Zaglul resumía diciendo “mis 500 locos”.

En el libro Ciencia & Humildad, que detalla la vida del doctor Canela Lázaro, su colega Zaglul dice: “Su amor por la ciencia y el alpinismo, su labor tan útil como callada y anónima de ir marcando los pinos a filo de machete para trazar la ruta que debía seguir todo el que quiera escalar todos nuestros altos picos sin perder el rumbo, el abrir trochas en pleno macizos de la Sierra Atravesada y de la Cordillera Central, dejando su consultorio de médico y gastando dinero, tiempo y salud, la exquisitez de su espíritu y la más alta de todas las virtudes, el desinterés, le dan derecho a ostentar el título de Máximo Deportista Dominicano”.

Es que el doctor Canela Lázaro era también alpinista. En 1920, ejecutó medulares trabajos en torno al estudio de la conformación fisiográfica del macizo donde nacen y se forman los dos ríos Yaque del Norte y Yaque del Sur. Expuso también informes sobre las mediciones de nuestras más importantes elevaciones geográficas, los picos Yaque, La Pelona, La Rusilla, Pico del Gallo, Culo de Maco, Quita Espuela, Diego de Ocampo y otros.

En 1924, según dice Zaglul, junto al licenciado Juan Bautista Pérez Rancier “realiza la mensura y la delimitación del Vedado del Yaque, siendo este acontecer considerado como el primer grito de alarma sobre lo que estaba sucediendo en aquellos sagrados sitios. La indiscriminada tala de árboles de nuestros bosques, la constante ardentía de nuestros pinares, de nuestras reservas, la devastación comercializada de las principales cuencas de los ríos que bañan y dan vida al Valle del Cibao y por ende a la República, todo esto y más fue expuesto en secuencia bi-anual por Canela Lázaro y Pérez Rancier, hasta el extremo que llegó a motivar al periódico La Información de Santiago a que llamara la atención del país en varios soberbios y alarmantes editoriales en mayo y junio de 1924″.

“Los afanes de Canela iban de la medicina a la botánica y de allí encontraba el máximo de satisfacción en aquella época en el sueño lejano de evitar a toda costa la depredación inmisericorde de los recursos naturales del país”, dice la biografía que escribió Zaglul.

Canela Lázaro nació el 29 de septiembre de 1894, hijo de los esposos Pedro Canela, nacido en Santiago y Dolores Lázaro, nacida en España. Se graduó de bachiller con notas meritorias en la Escuela Normal de Santiago en 1911 y de Maestro Normal el 2 de febrero de 1912. Su primer cargo lo desempeñó como director de la Escuela de Varones de Salcedo, pueblo al que estaría ligado por el resto de sus días al convertirse en hijo adoptivo de su segunda patria chica. En vida siempre insistió en que sus últimos restos fueran enterrados en esa ciudad, como en efecto ocurrió. En 1914 hasta 1916 estudia matemáticas en la Universidad de Santo Domingo, hoy autónoma, donde logró el título de agrimensor, para luego ampliar por un año sus estudios y optar por el título de ingeniero agrimensor.

En 1921 ingresó de nuevo a la Universidad para estudiar medicina, obteniendo la licenciatura en 1924 con notas y calificaciones de sobresalientes méritos. Ejerció su profesión en Salcedo y San Francisco de Macorís y aprendió cirugía de otro maestro: el doctor Pascasio Toribio. Hizo también amistad con otro genio dominicano de la medicina, el oncólogo doctor Heriberto Pieter, a quien el autor de este artículo logró entrevistar a pesar de la renuencia del médico a conceder entrevistas.

En 1928 viajó a París. En el hospital Necker, además de anatomía pura y simple, hizo anatomía patológica, como se comprueba por su trabajo sobre la tuberculosis renal. Era el discípulo preferido del profesor Rouviere, quien puso a disposición su laboratorio para que el dominicano realizara sus investigaciones.

En 1945, tras su retorno de París, fue designado director del recién creado Instituto de Anatomía de la Universidad de Santo Domingo. El profesor André Sicard, de la Facultad de Medicina de la Universidad de París, le escribió diciéndole que no lo felicitaba por su designación, sino a la Universidad “por la valiosa adquisición que había hecho”.

Entre 1953 y 1954 ocupó altos cargos relacionados con los asuntos forestales, a tal punto que personalmente redactó la Ley 3841 que el 22 de mayo de 1954 creó la Reserva Natural Integral que abarcó una región que quedaba entre el Vedado del Yaque y el Parque Nacional J. Armando Bermúdez. Tras la muerte de Trujillo, el doctor Pérez Rancier propuso que la otra cumbre de la cordillera bautizada con el nombre de Pico Duarte, es decir La Pelona o Rusilla, “con justicia podría dársele el nombre de Miguel Canela Lázaro”.

En 1970, el Gobierno del doctor Balaguer le concedió la Orden Heráldica de Cristóbal Colón, en el Grado de Caballero, pero Canela Lázaro nunca compareció a recibir tal distinción. El 25 de agosto de 1970, mediante Ley, el Gobierno le concedió una pensión de 200 pesos mensuales. En 1985 el Poder Ejecutivo creó la Medalla de Oro Miguel Canela Lázaro, para ser otorgada cada Día del Árbol a los centros educativos públicos y privados que se destacaran en sus esfuerzos por la reforestación nacional. Solamente la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) recibió tal distinción en 1986 y, que se sepa, no ha sido concedido posteriormente.

El 3 de julio de 1996, el Poder Ejecutivo creó, mediante Decreto No. 233/96, la Reserva Científica Dr. Miguel Canela Lázaro, “destinada a proteger los valores ecológicos de las montañas Guaconejo y El Calvario, así como los numerosos manantiales que allí nacen para abastecer los ríos Nagua y Boba, y las especies del bosque pluvial virgen existentes en áreas aún desconocidas para la ciencia”.

El doctor Canela Lázaro murió el 1ro. de diciembre de 1977 en Santo Domingo y fue sepultado en Salcedo, como siempre fue su deseo.

Su hermano Ramón comentó que si en algo falló la familia, fue en no tratar de que fuera sepultado “en una de nuestras empinadas lomas, quizás a la orilla de alguno de esos cientos y cientos de arroyos por cuya supervivencia soñó”, como escribió su sobrino el también doctor Ramón Canela Escaño.

Creo que alguna de nuestras Universidades debería crear sendas cátedras, una de Anatomía y otra de Ecología, con el nombre de este gran científico dominicano poco conocido. O crear un Premio de Ecología para el mejor trabajo anual sobre nuestros Recursos Naturales, tarea en la que estoy seguro colaboraría el Gobierno Dominicano a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Por: Santiago Estrella Veloz
Diario Libre, Agosto 23 del 2009

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