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jueves, 7 de julio de 2011

Miden temperatura corporal de los dinosaurios

Millones de años después de que se extinguieran los grandes dinosaurios herbívoros del Jurásico, el estudio de la composición de sus dientes ha desvelado su temperatura corporal, que era similar a la de los mamíferos y pájaros actuales y mayor que la de los cocodrilos de sangre fría.

Así lo afirman científicos del Instituto de Tecnología de California (Caltech) y de la Universidad de Bonn (Alemania) en un estudio publicado hoy en Science Express.

El cuerpo del gigantesco braquiosario tenía una temperatura de 38.2 grados celsius y el del camarasaurio de 35.7 grados, según se ha podido saber gracias al novedoso método desarrollado por los investigadores, que consistió en analizar el esmalte de los dientes fosilizados de varias especies de saurópodos de Tanzania y EU.

Los expertos, según los cuales el margen de error del análisis es de entre uno y dos grados, midieron la abundancia de enlaces entre isótopos de carbono y oxígeno en la apatita, el principal mineral del esmalte de los dientes, que varía según la temperatura a la que se forma dicho esmalte.

"Es como poder ponerle un termómetro a un animal que ha estado extinto durante 150 millones de años", señaló Robert Eagle, geoquímico estudiante de postdoctorado en Caltech y principal autor del estudio.

Sin embargo, las conclusiones de los científicos no zanjan el debate sobre si los dinosaurios eran animales de sangre caliente -que mantienen una temperatura estable- o fría -que dependen de la temperatura ambiente.

"Nuestros datos aportan pruebas claras de que su temperatura corporal era claramente más elevada y más estable que la temperatura ambiente", afirmó en una nota el bioquímico alemán Thomas Tütken, de la Universidad de Bonn, que participó en el estudio.

Pero según el científico esto podría deberse al gran tamaño de estos dinosaurios, ya que el hecho de tener una masa corporal superior a la superficie del cuerpo -el braquiosario medía más de 23 metros y pesaba 40 toneladas- también es eficaz para mantener la temperatura constante.

Ahora los investigadores se proponen estudiar a dinosaurios más pequeños, incapaces de almacenar el calor al tener una superficie corporal mayor que el volumen, para determinar si eran de sangre caliente o fría.

La investigación permitirá conocer mejor el comportamiento de estos animales prehistóricos, más pausado y lento en seres de sangre fría y más ágil y rápido en los de sangre caliente.

martes, 5 de julio de 2011

Electricidad inalambrica


La fuente de alimentación es tal vez el último cable que quede por cortar en un mundo de conexiones inalámbricas. Y puede que su fin no esté tan lejos. Un equipo de investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha conseguido transmitir energía entre dispositivos sin necesidad de cables. El hito, publicado en la revista Science, consistió en suministrar electricidad a una bombilla de 60W desde dos metros de distancia. Estos expertos han dado con la clave para que la electricidad se transmita por el aire, lo mismo que hace el Wi-Fi con las conexiones a Internet. En concreto, han conseguido mantener encendida una bombilla de 60 vatios durante 24 horas situada a más de dos metros de distancia de la fuente de energía que la alimentaba, sin conexión física alguna. Los investigadores han llamado a su sescubrimiento "WiTricitY" (WiTricidad), de la unión de las palabras "wireless" (sin hilos) y "electricity". El ingenio consiste en dos rollos de cobre, uno de los cuales, la unidad emisora, está físicamente conectado a una fuente de energía. En lugar de liberar esa energía a través de ondas electromagnéticas, el cobre llena el espacio circundante con un campo magnético no radiante que oscila a determinadas frecuencias. Es este campo el que hace posible el intercambio de energía entre la unidad emisora y la receptora, el segundo de los rollos de cobre. Ambos rollos están acoplados y especialmente diseñados para resonar con el campo magnético, en cuyo interior se produce una fuerte interacción entre la unidad emisora y la receptora. Dos objetos resonantes acoplados, es decir, que vibran a la misma frecuencia, tienden a intercambiar energía de una forma eficiente. Gracias a este diseño, la transferencia de electricidad, que de forma natural tendería a disiparse, se concentra en un espacio limitado. Peter Fisher, uno de los miembros del equipo del MIT, afirma que un ordenador portátil que estuviera en el interior de una habitación equipada con esta clase de energía inalámbrica se recargaría automáticamente, sin necesidad de estar enchufado. De hecho, ni siquiera necesitaría tener una batería para poder funcionar.